El cerco de Bilbao se planteó ante la necesidad carlista de ocupar una ciudad importante con el fin de conseguir prestigio internacional, avales económicos y debilitar la moral del enemigo. El pretendiente al trono, Carlos María Isidro, era partidario de la operación, mientras que Zumalacárregui se mostraba más desconfiado por el esfuerzo a invertir y por las consecuencias de un posible fracaso. A Zumalacárregui, Vitoria le parecía más accesible, además de encontrarse en el camino de Castilla, pero siguió las indicaciones de don Carlos e inició las operaciones el 10 de junio de 1835. Rodeó la ciudad y tomó diversas poblaciones cercanas como Abando, Banderas y Deusto. El sitio dio comienzo el 13 de junio, tras la negativa de Bilbao a rendirse. El día 12 se le ofreció a la ciudad la oportunidad de rendirse, amenazándola con un duro ataque en caso contrario. El Conde de Mirasol, Jefe Militar de Bilbao, respondió a la oferta de Zumalacárregui con una negativa rotunda. El día 14 comenzó el bombardeo, pero las baterías de la ciudad eran más fuertes que las carlistas y paradójicamente se produjeron más daños en las filas de los sitiadores que en las de los sitiados. El día 15 de junio Zumalacárregui fue herido, teniendo que dejar el mando en manos de Eraso. A consecuencia de la herida murió el 24 de junio. El día 30 Espartero y Fernández de Córdoba decidieron acudir en auxilio de la ciudad, levantando el cerco de Bilbao el 1 de julio. El primer sitio de Bilbao finalizó con 31 muertos, 130 heridos por parte de los defensores y 11 presos en la ciudad. Se desconocen las bajas sufridas por los carlistas, pero la pérdida de Zumalacárregui resultó decisiva.